En el mundo de la tecnología, las historias de empleados descontentos que toman represalias contra sus empleadores no son nuevas, pero pocos casos alcanzan la magnitud y el impacto de lo que ocurrió con Davis Lu, un exdesarrollador de software en Eaton Corporation.
Este trabajador, originario de Houston, Texas, tomó la decisión de vengarse de su empresa tras ser despedido, instalando un malware devastador que afectó a miles de empleados y causó pérdidas millonarias a la compañía.
Lu trabajó en Eaton desde 2007, desarrollando soluciones tecnológicas para diferentes sectores, incluyendo el aeroespacial y automotriz. Sin embargo, en 2018, su rol fue reducido debido a una reestructuración interna de la empresa.
Temiendo por su futuro laboral, el sujeto de 55 años comenzó a planear su venganza. Su miedo a ser despedido se materializó en 2019, cuando las tensiones culminaron en su despido definitivo en septiembre de ese año. Lo que no sabía la empresa es que, antes de irse, Lu había dejado una bomba de tiempo en su red informática.
El código malicioso que Lu introdujo causaba bucles infinitos en los servidores, eliminaba archivos de perfil de otros empleados y, en última instancia, provocaba colapsos en el sistema.
En octubre de 2019, menos de un mes después de que su código se activara, Lu admitió ser el responsable de los ataques, aunque se declaró no culpable de los cargos de daño intencional a sistemas informáticos. En 2021, Lu fue declarado culpable y podría durar hasta 10 años en prisión por sabotaje informático.
El sabotaje de Davis Lu es un recordatorio de que, en el entorno digital actual, los riesgos no solo provienen de hackers externos, también de aquellos que alguna vez fueron de confianza