Alberto Philippi fue uno de los invitados
de lujo en el primer programa de “Basados” por el canal de streaming de Minga. Un piloto de avión que admiraba
al Barón Rojo y que el 21 de mayo de
1982 salió de la Base de Río Grande para atacar a la Royal Navy. Sus bombas
dieron en la Fragata Ardent, pero un misil inglés pegó en su avión. Se eyectó a
Sobre sus comienzos en la aviación, Alberto dijo: “La pasión por los aviones se da muchos años antes de la guerra, prácticamente desde que tengo uso de razón. Soy nacido y criado en Ingeniero White y en algún momento estaba jugando en el patio de mi casa, tendría unos 8 o 9 años, y vi pasar un avión. La sorpresa fue total; hace 80 años ver pasar un avión en White era toda una novedad. Pasó muy bajo y siguió, entiendo que iba hacia el sur. Y desde ese momento sentí que no quería hacer otra cosa que ir como esa persona manejando en el aire. Nunca cambié y en el secundario me hice socio del Aeroclub, fabricaba avioncitos y participaba de los concursos”, recordó.
“Lo que nos daban al pagar la cuota del Aeroclub eran 10 minutos de vuelo. Entonces yo acumulaba 30 o 40 minutos y me sacaban a volar. Ahí descubrí que era lo que quería, ese sentimiento nunca cambió, y a partir de ese momento fui creciendo en la profesión. Estudié Técnico Aeronáutico y cuando estaba terminando la escuela, en 1958, Bahía Blanca amaneció empapelada con afiches que decían ‘usted puede volar este avión’. Era de la Armanda Argentina... Enseguida fui al edificio de calle Sarmiento y me inscribí”, contó Philippi.
“Mis padres eran alemanes y mi héroe de la infancia era el Barón Rojo (Manfred von Richthofen). Así que la aviación y la guerra estuvieron siempre ligadas a mí. Nunca pensé en la aviación comercial porque, más allá que saqué la patente, siempre me gustó la aviación militar”, aseguró.
Al momento de referirse al conflicto bélico, Alberto contó cuándo se enteró que iba a ir a Malvinas: “Ir a la guerra fue una sorpresa. En ese momento no vivía en Bahía, porque estaba como segundo jefe de la Base Aeronaval de Río Grande. El trabajo básico era mantener el aeródromo en condiciones operativas; comunicaciones, pistas, caminos, comida, alojamiento... Son infinitos los trabajos que se hacen. Pero además se leen los mensajes por si llega algo de interés que debe saber toda la tripulación de la Base. Y en eso vino el Cabo de Comunicaciones y cuando empecé a leer decía ‘las Fuerzas Armadas han recuperado la soberanía en Malvinas’. Fue el 2 de abril. Ahí les dije a todos ‘acá algo va a pasar’ y había que dejar la Base lista para el combate. No teníamos instrucción de ningún tipo, fue todo iniciativa. El nuestro terminó siendo el principal aeródromo de operación de la Aviación Naval sin recibir ningún aviso”, mencionó.
“Cuando los ingleses empezaron a venir a las islas y ya no se trataba sólo dejar el destacamento y empezar a ‘negociar’, se acercaba el conflicto y yo sabía que íbamos a estar en primera línea. El jefe de la Base no me quería dejar ir porque yo era subjefe y es un puesto importantísimo. Igualmente, cualquier oficial de la Armada, que sale de la Escuela Naval, está en condiciones, por su educación, para ser subjefe de una Base. Ahora, no todos están preparados para ser pilotos en una situación como esta, donde había que volar y operar el avión. Lo llamé al Comandante de Fuerza en Espora y le dije que me recupere porque iba a ser más útil en la escuadrilla que donde estaba. Y aceptó. Mi familia es toda Naval así que todos apoyaron la decisión”, continuó Philippi.
Y
sobre el momento del ataque, detalló: “El
21 de mayo nos llegó la información que los ingleses estaban desembarcando en
San Carlos. Ahí nos pusimos el equipo de vuelo y salieron seis aviones con
bombas especiales para hundir buques, pero no se pudo llegar al blanco por las
condiciones climáticas. En la vuelta,
con mis pilotos decidimos hacer una aproximación indirecta. Recalamos primero
en la Isla de los Pájaros, que está más al sur del Estrecho de San Carlos. Cuando llegamos a San Carlos vimos los mástiles
de una fragata y atacamos. Estábamos bien adiestrados; sabíamos la técnica para atacarlos, sorprenderlos y las probabilidades
que teníamos de detección. Porque aún yendo pegados al agua, a las
“Uno tiene cuidado, pero estás concentrado en lo que tenés que hacer. Si te ponés a pensar… En ese momento lo único que pasaba por nuestra cabeza era operar el avión como lo sabíamos hacer... Y no pensar en otra cosa. Y después lo más importante de la escuadrilla fue el adiestramiento, el de supervivencia por ejemplo, que fue lo que hubo que hacer después. Todos los años venía el Jefe de Supervivencia, nos tiraban en la ría y ahí tenés que hacer arrastre con paracaídas, inflar el bote, subirte, accionar el equipo de comunicación y después viene un helicóptero, te tiran unas lingas y te rescatan. Luego eso pasó de verdad, pero estaba preparado para hacerlo correctamente”, completó Alberto Philippi. Respeto eterno hacia un Héroe de Malvinas y eminencia de la aviación argentina.