Los científicos
trabajaron con un grupo de perros de distintos sexos, razas y edades. Todos
ellos interactuaban con tres humanos: su dueño, que siempre mostraba una
actitud cooperativa con el animal; y dos extraños a los que conocían poco: uno
(vamos a decirle "el cooperador") que siempre le daba la comida en un
recipiente; y otro que siempre se guardaba el alimento y se convertía en un
"competidor" a ojos del perrito.
"Los perros
tenían la opción de llevar a uno de los dos extraños a tres potenciales fuentes
de comida: una caja que contenía un alimento del gusto del animal; otra con
uno que lo dejaba indiferente; y una tercera siempre vacía. Después, el perro siempre tenía la posibilidad de
conducir a su dueño a uno de los lugares con comida. De esta forma, el
animal se beneficiaría de engañar a su competidor, porque aprendía que luego
había otra oportunidad de recibir su bocado favorito por parte de su amo",
explican los investigadores.
Cuando era el cooperador el que los acompañaba, los perros
casi siempre lo conducían a la caja donde se ocultaba su alimento preferido. Cuando era el competidor, los animales
solían llevarlo al recipiente vacío, porque sabían que, después, llegaría su
dueño y les daría comida.
Los resultados
muestran cómo los perros distinguían a los humanos que podían darle comida y
eran buenos con ellos y a los competidores. A partir de eso, medían su
comportamiento en función de esta diferencia.
Una muestra más no sólo de un increíble espíritu de
supervivencia sino también de una inteligencia que cada día nos cautiva más.